ACEITUNA, UNA – Daniel Medvedov


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Historias graciosas de un fruto negro que quiso ser rojo

Un día, mi niña de cinco años, me preguntó: ¿Qué es una aceituna?
La ACEITUNA es el punto que Dios pone al final de todas las cosas.- dije.
Es el punto sobre la I de su nombre: en un principio, cuando Dios vio que su I mayúscula no tenía punto, al instante creó la aceituna. Si deseas poner punto final a una cosa, cómete una aceituna.
Ese punto, se lo ha regalado a los humanos en la pupila de los ojos y los gatos se vuelven locos por esas frutas, las aceitunas, o como se llamen. Ella, la aceituna, fue creada al comienzo de los tiempos y su nombre secreto es „luna nueva”. La luna nueva es como una aceituna, toda negra, presente, aunque ausente, allí, en el cielo, durante unos días, o noches, entre estrellas y galaxias. La aceituna es el centro invisible del arco-iris, es tinta china, atramentum, de calígrafos y escritores. Adentro tiene una semilla, un hueso, y entre la carne y el mundo externo hay una película negra, fina, muy fina, cuyo brillo refleja ese mundo. Esa palabra es de origen araméo, la lengua de Cristo:zaytuna, un diminutivo de zayta. El sabio Mohhyddin Ibn Arabi de Murcia, escribe, por los años 1200, es decir hace unos 800 años atrás, lo siguiente, jugando con las palabras „pupila” y „hombre”: (Fusas , pág. 13/49-50): ” Este ser [el „ser comprehensivo”] se llama Hombre y también „lugarteniente” (vicario), jalifa. Se llama Hombre debido a la naturaleza comprehensiva de su constitución, que abarca todas las realidades. Además,[merece ser llamado Hombre, insan, porque] es a Dios lo que la pupila (insan) es al ojo como instrumento de visión o vista. Recibe pues el nombre de insan porque Dios ve a todas Sus criaturas a través del hombre y es Misericordioso con ellas „.
Para la tradición islámica, el olivo es el árbol del Centro, el eje del mundo, imagen del Hombre Universal, el Profeta. Entre los pueblos mediterráneos, sólo el aceite virgen de oliva podía usarse en los ritos religiosos, en medicina, en la iluminación y en los usos domésticos.
En rumano, la aceituna se llama MASLINA y en griego ELAIA, nombre de la aceituna y, a la vez, del olivo silvestre. Tengo que averiguar cómo se dice aceituna en chino: ya está. Su nombre es KAN LAN y el aceite de oliva se llama KAN LAN YOU. El aceite de oliva es el santo olio. Alivia las quemaduras y tomado en el alba trae energía y salud a los débiles. Avicenna decía, en el siglo X, que tomarlo así, un poco en la mañana, en ayunas, elimina las lombrices, combate males hepáticos y evita la caída de los cabellos.

Que el aceite y el romero frito sea bálsamo bendito, lo sabía también Cervantes, cuando escribía eso: . . „Procura que se me dé un poco de aceite, vino, sal y romero para hacer el salutífero balsamo”. . .
En el famoso cuento árabe de 1251, Calila y Dimna, de la colección de fábulas que mandó traducir Alfonso el Sabio, aparece el término árabe záit, aceite.
Alonso de Herrera, en su Obra de Agricultura de 1513, escribe lo siguiente:

Son tantas las excelencias deste árbol, que antes es cierto que para las poder decir me faltarán palabras. ¿Qué despensa hay buena sin aceite?
¿Cuántas medicinas se hacen dél? ¿Cuál ungüento no lo lleva?; ¿En cuantas maneras de guisados entra? ¿Cual TRÍACA es más provechosa contra las ponzoñas? El aceite alumbra las iglesias; toma de la noche, día; lanza las tinieblas. Árbol es de mucha vida. Aunque muchos años lo dexen sin labrar, no peresce. Era antiguamente en tanto tenido que por honrarle, los capitanes hacían coronas dellos en señal de victoria y al que mejor había peleado, coronaban con corona de oliva; y aún también tienen o dan señal de paz, como vemos en el Génesis.

Consagrado por los romanos a Jupiter y a Minerva, el olivo y su verdor perpetuo era entre los griegos el árbol de Atenea. Se preguntarán qué palabra más rara es la tríaca: se trata de un famoso compuesto medieval de tres o más plantas, confección farmacéutica usada en tiempos antiguos, formada por muchos ingredientes, principalmente de opio y empleado contra las mordeduras de animales venenosos. Hoy día, esa palabra que proviene del árabe tiryaq y este del griego theriake, derivado de terrino, fiera, animal feroz, bestia, es nombre de un remedio de todo mal, prevenido con prudencia o sacado del mismo daño, como bien observa el Diccionario de la Real Academia.
De su nombre griego, elaya, proviene el nombre de Eleusis, ciudad del santuario de Demeter, diosa de la abundancia y de la vida eterna. La maza de Hércules era de madera de olivo. Ese árbol es para los griegos una metáfora de la sabiduría y de la fecundidad: en las lámparas de los templos ardía aceite de oliva y en la Odisea, héroes y dioses se frotaban el cuerpo con aceite de oliva para proteger su belleza mortal, e inmortal. El árbol del olivo era emblema de la victoria en los Juegos Olímpicos: una corona de olivo ceñía la frente de los vencedores, imagen de la Paz, pero un olivo tocado por el rayo era un augurio de guerra.
En Japón, el olivo es asociado con la amabilidad y con el éxito en los estudios y en las empresas guerreras.
En la India, es el árbol de la Paz. Si hay peleas en la familia, los amigos vienen de visita con un plato de olivas para apaciguar los ánimos y asimismo se apacigua la furia de la naturaleza, ofreciéndose ramas de olivo a un río que se está desbordando, para retornarlo a su cauce, a un huracán, para desviarlo de una región, o a un terremoto, para ser más suave. Un hombre airado se apacigua con una rama de olivo y comiendo una aceituna. ¿Puedes hacer eso cuando tienes ganas de destrozar lo que te caiga en manos?
El olivo y la aceituna poseen un poder increíble para apaciguar y aminorar todo tipo de problemas que perturban el curso sereno y natural de nuestra existencia.
¿Recuerdas que la cruz de Cristo era de madera de olivo? Ello se debe al sentido de pureza, inmortalidad y resurrección que tiene el olivo para los cristianos. Es la imagen de la Paz: después del diluvio, la paloma le trae a Noé un ramo de olivo, para evocar el fin de la ira divina. Se dice que ese ramo provenía del árbol que creció encima de la tumba de Adán. En Italia, las hojas de olivo benditas el domingo de Ramos y esparcidas en el fuego, protegen los campos de granizo. En Venecia, el olivo aleja el rayo y en España se cuelgan ramos de olivo en el pórtico de las casas para cuidarlas de todo mal. En el sur de España y en Africa del Norte, las aceitunas y el olivo tienen el poder de favorecer la fecundidad y el poder sexual de los hombres. En Alger se cree que las ramas de olivo aumentan la fertilidad de las mujeres y por ello ponen sobre cada vestido doblado, una rama de olivo. En Corsega, si una persona desea saber si se va a casar en el año en curso, arroja hojas de olivo en el fuego: si las hojas se retuercen y saltan, la boda es segura pero, si se queman rápidamente, sin moverse, el presagio es negativo. Las mujeres italianas entienden lo mismo en el comportamiento de una rama de olivo que han recogido desnudas, y luego, han humedecido con su saliva, antes de arrojarla al fuego.
Virgilio dice que el olivo es el Árbol de la Paz: tiene efectos benignos para la serenidad y la calma que deben reinar en los matrimonios. Si eres mujer y tienes un hombre amargado, o si eres hombre y tu mujer es una bruja mandona, mete debajo de su almohada algunas hojas de olivo y entonces, disfrutarás en tu vida conyugal de una amabilidad y dulzura inconcebibles. Las virtudes medicinales del olivo sugieren utilizar sus hojas en casos de fiebre: si el niño está sumido en el calor, debe portar en el cuello una hoja de olivo recogida antes del alba, llevando las siguientes palabras, escritas con atramentum, tinta china: CA, REY, A. También se puede hundir un cuchillo en un sembradío de olivos: así bajará la fiebre.
Las verrugas desaparecerán si se arrojan al viento tantas hojas de olivo como verrugas, tiene, pobre aquél que las tiene.
O, si te place, frota cada excrecencia con una aceituna que proviene de un árbol distinto, para luego enterrarlas una al lado de la otra, en un lugar lejano.
Si muerdes tres veces una aceituna madura y luego la botas en las aguas de un río, se te quitará el dolor de muelas. Si te duele la cabeza, ponte sobre la frente una hoja de olivo sobre la cual escribirás con tinta china, atramentum, la palabra ATENA. Algunos sueñan que están comiendo aceitunas maduras: es signo de alegría en la familia.
Ahora bien, si las aceitunas están verdes aún, no verdes de color, sino simplemente inmaduras, es un augurio de adversidades por venir. Si el que sueña con una aceituna es varón, pues le espera un hecho afortunado y si es mujer joven, un buen matrimonio. Si es una mujer casada, vendrán más hijos, quiéralos o no. Parece que en los años bisiestos, las hojas del olivo se muestran al revés, y por ello son años aciagos, pero los hombres han usado este dato para convencer a sus amantes que „al revés”, también es bueno(!):

Como es año bisiesto Morena, ¿lo ves? Las hojas del olivo Vueltas al revés.

El árbol de olivo no debe estar plantado y cultivado sino por una persona casta, o por un niño o niña, o por Laetitia Casta, dirían los fotógrafos: ese árbol odia la lujuria, tanto que, si una prostituta lo planta con sus propias manos, el árbol, se dice, nunca tendrá aceitunas. Lo dice Alonso López de Corella, en sus Secretos de Philosophia de 1546. Yo digo, al contrario, que si tal mujer lo planta, deja en el instante, de ser puta. Además, ¿Quién tiene derecho de decir que tal o cual mujer es una ramera? El olivo es asociado a los signos de Virgo y Gemini.
Cuando leo y releo todas esas cosas, me pregunto ¿cómo podría explicarle a mi niña de cinco años las virtudes maravillosas de la aceituna?
Con ocasión de haber escrito este texto, he compuesto el siguiente poema, en honor a la aceituna:

UNA, UNA,
ACEITUNA,
Eres PAZ,
Eres la Luna,
Eres SOL,
Eres la CUNA
Del sabor,
De la FORTUNA
Y ninguna
Que reúna
En su cuerpo
Tanta tinta
Puede arreglar problemas
Atramentum
Del que pinta
Ya comí la veintiuna
¿Es así que se ayuna?

En el punto negro mate
Del árbol de la pupila
Los niños encuentran TATE
TATE, TATE,
TATE, TATE,
En calma y quieto-estate
A decir del gran Cervantes,
El que se la come antes
Va a encontrar un hueso,
El perro de Rabelais
Lo esconde con dulzura
Para días más oscuros
Para cuando no hay duros
Hoy yo como sólo Una,
Aceituna,
Paz-eituna.

Pero Gonzalo de Berceo sabe mejor, y en su Vida de Santa Oria, a principios del siglo XIII, escribe:

Vido redor el monte una bella anchura, En ella de olivos una gran espesura, Cargados de olivas mucho sobre mesura Podrie vivir so ellos omne a grant folgura.

Cuidado con las cabras, que su saliva parece que puede secar al olivo.

En el principio, Dios creó aceitunas negras y también rojas. Las negras, al ver a las rojas, dijeron: Nosotros queremos ser esas. ¿CEREZAS? – preguntó Dios. Pues las rojas se llamarán así y ustedes quedarán negras, que bien les queda ese no-color. Para no sentirse huérfanas, crearé también aceitunas verdes, el color de la verdad.
Contempla una aceituna, elévala entre tus dedos a la altura de los ojos, concentra la mente en ese punto negro y luego podrás oír la música de las esferas, la música del Monte de los Olivos.
¿Saben que hay un tipo de aceituna que se llama Aceituna de la Reina, la de mayor tamaño y superior calidad, que se cría en Andalucía? Hay otras, las de verdeo, las aceitunas-dulzal, manzanilla, picudilla, tetuda (esa remata en un pequeño pezón que se te queda entre los dientes), la zapatera, la zorzalera, todas una. Si quieren llegar a las aceitunas, llegarán tarde, como se dice cuando se llega de último a algún convite o función. Yo me conformo con ser un viejo gruñón y aceitón, nombre que se le da a las impurezas que en el fondo de las vasijas va dejando el aceite, en los diferentes trasiegos a que se le somete para purificarlo. ¡Vaya alquimia, ésa!
He vivido en la montaña un año entero, sólo con aceitunas negras guardadas en aceite, higos secos, queso duro, uvas y ciruelas pasas, pan ázimo („pita”, sin levadura, seco y duro), te verde, maní y agua. Las aceitunas son fundamentales para la supervivencia y el ayuno. No obstante, el auténtico ayuno es el de no pensar, y esa tarea es más difícil que el no comer.
Mientrás escribía este texto, recordé que la cama de Odiseo había sido labrada por el propio héroe que dejó el tronco de un bello árbol para formar una de las cuatro patas. ¿Será posible que aquél árbol fuera un olivo? Me dirigí con emoción a mi querido libro y lo abrí al capítulo XXIII, el lugar donde se describe en detalle el encuentro entre Penélope y su esposo, después de largos años de espera: nada menos que veinte. Pero dejemos al poeta que nos deleite con la más bella imagen que la alcoba ha recibido en la literatura.
Penélope prueba con astucia a Odiseo, tendiéndole una trampa: le dice a la esclava Euriclea que arregle la cama „que él mismo ha labrado”, indicándole que la saque al pasillo:

Vamos, Euriclea, prepara el labrado lecho fuera del sólido tálamo, el que construyó él mismo. Y una vez puesto fuera el labrado lecho, disponed la cama – pieles, mantas y resplandecientes colchas”. Así dijo poniendo a prueba a su esposo. Entonces Odiseo se dirigió irritado a su fiel esposa: „Mujer, esta palabra que has dicho es dolorosa para mi corazón.
¿Quién me ha puesto la cama en otro sitio? Sería difícil incluso para uno muy hábil, si no viniera un dios en persona y lo pusiera fácilmente en otro lugar, que de los hombres, ningún mortal viviente, ni aun en la flor de la edad, lo cambiaría fácilmente, pues hay una señal en el labrado lecho, y lo construí yo y nadie más. Había crecido dentro del patio un tronco de OLIVO de extensas hojas, robusto y floreciente, ancho como una columna. Edifiqué el dormitorio en torno a él, hasta acabarlo con piedras espesas, y lo cubrí bien con un techo y le añadí puertas bien ajustadas, habilidosamente trabadas. Fue entonces cuando corté el follaje del OLIVO de extensas hojas, empecé a podar el tronco desde la raíz, lo pulí bien con el bronce y lo igualé habilidosamente con la plomada, convirtiéndolo en pie de la cama, y luego lo taladré todo con el berbiquí. Comenzando por aquí lo pulimenté, hasta acabarlo, lo adorné con oro, plata y marfil y tensé dentro unas correas de piel de buey que brillaban de púrpura. Ésta es la señal que te manifiesto, aunque no sé si mi lecho está todavía intacto, mujer, o si ya lo ha puesto algún hombre en otro sitio, cortando la base del olivo.” Así dijo y a ella se le aflojaron las rodillas y el corazón al reconocer las señales que le había manifestado claramente Odiseo. Corrió llorando hacia él y echo sus brazos alrededor del cuello de Odiseo, besó su cabeza y dijo:
„No te enojes conmigo, Odiseo, que en lo demás eres más sensato que el resto de los hombres. Los dioses nos han enviado el infortunio, ellos, que envidiaban que gozáramos de la juventud y llegáramos al umbral de la vejez uno al lado de otro. Por esto no te irrites ahora conmigo ni te enojes porque al principio, nada más verte, no te acogiera con amor. Pues continuamente mi corazón se estremecía dentro del pecho por temor a que alguno de los mortales se acercase a mí y me engañara con sus palabras, pues muchos conciben proyectos malvados para su provecho. […]
Pero ahora que que me has manifestado claramente las señales de nuestro lecho, que ningún otro mortal había visto sino sólo tú y yo – y una sola sierva, Actorís, la que me dio mi padre al venir yo aquí, la que nos vigilaba las puertas del labrado dormitorio- ya tienes convencido mi corazón, por muy inflexible que sea.” Así habló, y a él se le levantó todavía más el deseo de llorar y lloraba abrazado a su deseada, a su fiel esposa.

Sigue ahora una de las más bellas comparaciones homéricas acerca del encuentro de los amados:

Como cuando la tierra aparece deseable a los ojos de los que nadan (a los que Poseidón ha destruido la bien construida nave en el ponto, impulsada por el viento y el recio oleaje, pocos han conseguido escapar del canoso mar nadando hacia el litoral y – cuajada su piel de costras de sal- consiguen llegar a tierra bienvenidos, después de huir de la desgracia), así de bienvenido era el esposo para Penélope, quien no dejaba de mirarlo y no acababa de soltar del todo sus blancos brazos del cuello.” (Homero, La Odisea, XXIII, 178-240, en la bella traducción de José Luis Calvo, Editora Nacional, Madrid, 1976)

Estoy contento. El árbol de la cama de Odiseo era un OLIVO.
El sentido de este curioso pasaje de la Odisea es ya otro tema, que hoy me lo reservo, al menos que algunos que lean esas palabras me solicite aclararlo.

Daniel Medvedov,
El Hombre enamorado sólo de UNA,
Mujer de nombre ACEITUNA.
Para buscarla,
Estoy dispuesto a ir hasta a la Luna.

ADIVINANZA FÁCIL PARA LOS
NIÑOS Y NIÑAS
Soy Negra,
Soy Verde,
Soy grande,
Menuda,
Una ,
Yo soy.
Toda me quieren comer
Pero yo hueso les doy.
¿Qué soy?

P.D.
Quien desea más información sobre los textos homéricos, puede consultar mi escrito „1000 razones para leer, hoy, la Ilíada”, publicado en Almateria.

 Daniel Medvedov

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